
Los expertos le echan la culpa a los medios, a la publicidad, a las agencias de modelos, a los estereotipos sociales, a los cánones estéticos que manejan la industria del 90-60-90, las curvas perfectas. Porque cuando alguien prende el televisor lo primero que encontramos, son productos que te ofrece bajar peso, tener una figura envidiable, eliminar esos rollitos; estos spots lo que hacen es que la televidente se obsesione por eliminar esto de su cuerpo.
Entonces, ellas están sometidas al ambiente social del culto a la esbeltez. La publicidad es el largo brazo del gran negocio de la belleza. En París se han inspirado las industrias de las cremas y perfumes, reductoras de grasas y humectantes faciales, además de colonias y polvos.
Los que ponen su granito de arena a la destrucción, son los supermercados, que te ofrecen productos dietéticos, que se supone de ayudan a bajar de peso, mantener la línea… imponiendo ante esto la comida sin colesterol, integral, vegetariana, sin un gramo de grasa, sin sal, sin azúcar, por decirlo así, sin absolutamente nada; a esto le consideran la comida saludable.
El año pasado se supo de un caso realmente digno de Ripley en China – increíble, a pesar de ser éste un país comunista, anticapitalista, antiimperialista, antitodo... allá también ocurren estas cosas, pues en todas partes se cuecen kilos -, donde una estudiante de 15 años, que pesaba 54 kilogramos y medía 1,64 centímetros de estatura, se abocó a una feroz dieta que la llevó a la tumba. Cuando murió, apenas pesaba 30 kilos.
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